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Historias reales

Historias reales

Fuente: Instagram (@diwilliam)

Muchas personas piensan que la aviación es un ramo profesional esencialmente técnico. Para mi, sin embargo, hay un factor muy importante que es la emoción. Trabajamos con gente, muchas veces apasionada por la aeronáutica, como yo. Mi alegría más grande es ver a las personas felices.

Soy despachante operacional terrestre en el aeropuerto de Congonhas, en São Paulo. Antes de eso, trabajé en el aeropuerto internacional de Guarulhos, en la misma ciudad. En diez años de actividad, varios episodios con pasajeros han sido inolvidables. Voy a contar dos de ellos.

 

Foto: LATAM

Un seguidor de mi cuenta en Instagram (@diwilliam) siempre comentaba y le daba “me gusta” a mis fotos. Me di cuenta de que entendía bastante de aviación. Era un niño de 12 años con un problema de motricidad. El vivía en la ciudad de Londrina, en Paraná, y pasaría por Congonhas con sus padres en un viaje de vacaciones. En mi hora de descanso, me puse el uniforme y fui a hacerle una sorpresa.
Tomé un avión de mi colección de miniaturas y lo envolví para regalo. Le escribí una carta carta diciéndole que no renunciara jamás a su sueño de trabajar con aviación. Existen muchas áreas sensacionales en la aeronáutica, aún para personas con limitaciones de motricidad. El niño me sonrió y me dio un abrazo tan fuerte que me emocioné. Sus padres también estaban muy agradecidos.

 

 

En otro episodio que me ha marcado, un señor viajaba en avión por primera vez acompañado por su nieto adolescente. El vivía en frente al aeropuerto de Uberlândia, en Minas Gerais, y soñaba con volar, pero nunca había tenido esa oportunidad. Su hija le había dado de regalo un pasaje a São Paulo, para ir y volver el mismo día.
En consecuencia de un ACV, el señor se trasladaba en silla de ruedas. En la sala de espera para los pasajeros con prioridad en el embarque, le contó su historia a una empleada de LATAM. Le confesó que le estaba encantando la experiencia, pero lamentaba no haber visto la cabina del piloto.

Por suerte, había un avión que ya sería recogido al hangar. Conseguimos realizar su deseo. Entró a la cabina del piloto y se puso la gorra del comandante. Por algunos instantes, tuvo un avión entero para el. Cuando iba casi a embarcar de vuelta para Uberlândia, le hice una sorpresa. Compré una miniatura de un avión de LATAM en el aeropuerto y se la regalé. ¡Hasta temblaba de felicidad!  Su nieto nos agradeció por ese día inolvidable.

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